Cuando el amor de una madre se convierte en otra oportunidad de vida
Hay decisiones que nacen del amor más profundo y que, con el tiempo, se convierten en recuerdos imborrables. Para Roxana Olivera, la posibilidad de donarle un riñón a su hija Valentina Verlotta fue una de ellas. No hubo demasiadas dudas ni largas deliberaciones: cuando supo que había llegado el momento de realizar el trasplante, tuvo una certeza. Quería ser ella quien le diera a su hija la oportunidad de seguir adelante con sus proyectos y disfrutar de una mejor calidad de vida.
Este Día de la Madre la encuentra feliz y agradecida. Después de atravesar juntas el proceso de preparación, los estudios médicos y la intervención quirúrgica, ambas transitan una recuperación favorable, con controles periódicos y la expectativa de que, de a poco, las visitas al hospital se vuelvan cada vez menos frecuentes.
"Me siento feliz y bendecida de haber podido ser yo la donante de mi hija", expresa Roxana al recordar lo vivido. Y resume en una frase el sentimiento que la acompaña desde entonces: "Saber que una parte mía va a estar en ella es maravilloso", contó a El Diario.
UNA HISTORIA QUE COMENZÓ EN LA
INFANCIA
La historia de Valentina con la enfermedad renal comenzó cuando era apenas una bebé. Desde entonces, su familia estuvo pendiente de su salud y acompañó cada etapa con consultas, estudios y seguimiento médico.
Durante su infancia y adolescencia, fue atendida por especialistas de Mar del Plata y de Buenos Aires, con seguimiento en el Hospital Italiano. Al cumplir los 18 años, continuó con la atención médica y pasó a tratarse con el doctor Denis Allende.
Fueron años de controles y cuidados hasta que, en 2026, llegó el momento de evaluar la posibilidad de un trasplante. Para Roxana, sin embargo, la decisión estaba tomada desde mucho antes de que se confirmara la fecha de la cirugía. "Siempre supe y estaba totalmente decidida de que iba a ser yo", cuenta.
Valentina, en un primer momento, no aceptaba con facilidad la idea de que su mamá fuera la donante. La preocupación por su salud y por los riesgos que pudiera correr Roxana formaba parte de sus dudas. Pero, a medida que avanzaron las evaluaciones y los médicos le explicaron las condiciones necesarias para realizar la intervención, pudo afrontar el proceso con mayor tranquilidad.
La posibilidad de donar requería que Roxana atravesara una serie de estudios médicos. Cada instancia era necesaria para determinar si podía convertirse en donante y si estaban dadas las condiciones para avanzar. A sus 52 años, completó las evaluaciones y recibió la confirmación que tanto esperaban.
UNA CIRUGÍA QUE
ATRAVESARON JUNTAS
El proceso de preparación había comenzado en enero de 2026. Los estudios se desarrollaron por etapas y cada una demandó su tiempo, hasta que finalmente llegó la fecha de la intervención en el Instituto de Trasplante y Alta Complejidad (ITAC).
La cirugía estaba prevista para el 10 de agosto. Roxana ingresó primero al quirófano, a las 7:30, mientras que Valentina lo hizo dos horas después, a las 9.30. La espera fue acompañada por Leila, hermana de Valentina; Claudio su papá y Mary, hermana de Roxana.
Lejos de recordar aquel día con angustia, Roxana destaca la tranquilidad con la que ambas llegaron a la operación. "Llegamos tan tranquilas las dos a la cirugía. Salió todo tan perfecto", recuerda.
La intervención tuvo una evolución favorable. Según relata, ninguna de las dos tuvo dolores importantes y al tercer día recibieron el alta médica. Una semana después, se encontraban muy bien.
El alta, sin embargo, no significó el final de los cuidados. Ambas debieron permanecer cerca del equipo médico para cumplir con los controles establecidos: los lunes, análisis de laboratorio y los jueves, consultas médicas.
Con el correr de las semanas, la evolución permitió proyectar un cambio gradual en la frecuencia de esos controles. Roxana cuenta que esperaban comenzar a realizarlos cada quince días y, más adelante, espaciarlos a un mes, dos o tres, siempre de acuerdo con las indicaciones de los profesionales.
El cariño de la gente también ocupó un lugar especial durante este proceso. Roxana quiso agradecer los numerosos mensajes de afecto que recibieron y que las emocionaron profundamente. Entre las muestras de acompañamiento, hubo una sorpresa que las tomó desprevenidas: dos ramos de flores enviados por un grupo de 40 chicas que juegan al pádel. "Fue una sorpresa hermosa", expresó Roxana, quien destacó el cariño recibido y aseguró que no deja de agradecer cada gesto que tuvieron con ellas.
EL REGALO DE UNA NUEVA ETAPA
Hoy, cuando mira hacia atrás, Roxana pone el acento en la posibilidad de que su hija pueda continuar con sus proyectos y disfrutar de una mejor calidad de vida. La experiencia que atravesaron juntas le dejó una certeza que quiere compartir con otras personas que puedan encontrarse ante una situación similar.
"Para que ella siga con sus proyectos, con una calidad de vida excelente", explica al referirse a lo que significó poder concretar la donación. Para ella, la posibilidad de ayudar a Valentina de esa manera representa algo difícil de comparar con cualquier otra experiencia. "Es la decisión más hermosa del mundo", afirma.
En este Día de la Madre, su historia adquiere un significado especial. No solo por el gesto de donar, sino también por el camino recorrido desde aquella infancia marcada por los controles médicos hasta esta nueva etapa que ambas comienzan a transitar.
Roxana no habla de su decisión como un sacrificio, sino desde la felicidad de haber podido hacerlo. Su deseo es que Valentina siga adelante, que pueda desarrollar sus proyectos y que el trasplante le permita disfrutar de todo aquello que tiene por delante.
Al final, deja un mensaje para quienes puedan atravesar una circunstancia parecida: "A la persona que pase por esta situación, no dude en donar".
Una frase sencilla que resume su experiencia y el sentimiento con el que llega a este Día de la Madre: la felicidad de haber podido acompañar a su hija de una manera que las unirá para siempre. Porque, como dice Roxana, saber que una parte suya está en Valentina es, sencillamente, maravilloso.
